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Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIV Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
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Círculo Cultural Juan XXIII

De Ateneo de Córdoba
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En febrero de 1962, los cristianos que teníamos un espíritu de renovación, que sentíamos que la institución de la Iglesia mantenía un sistema cerrado y unos principios morales tradicionales; que funcionaba como un imperio espiritual, bajo un despotismo más o menos ilustrado que se manifestaba medieval, contrarreformista y antimoderna, el anuncio del Concilio Vaticano II nos llenaba de júbilo y esperanza, porque iniciaba una apertura al mundo. Después vendría la encíclica “Pacem in Terris”, donde se advertía un giro radical al pensamiento político que se presentaba como católico, es decir el “aggiornamento”, el actualizarse, el ponerse al día en la Iglesia. La encíclica nos traía una valoración positiva en las relaciones de los hombres con los poderes públicos; la promoción de la clase trabajadora en el plano económico, político y social, el acceso de la mujer a la vida pública y la elevación de todos los pueblos a una existencia independiente, factores que se consideraban como la base para una convivencia más justa. Venía a contraponer una concepción de ideas nuevas frente al pensamiento católico tradicional y conservador vigente.

Todas estas nuevas nociones chocaban y evidenciaban un radical antagonismo con el sistema político que se vivía en España; por esto, un grupo de hombres jóvenes que nos confesábamos cristianos, nos reunimos para comentar la encíclica y fruto de esos comentarios y encuentro, fue la decisión de crear un foro de debate donde desarrollar todos sus valores:

  • Régimen de libertades sobre la base de democracia económico-social.
  • La manifestación libre de la persona y asegurar su autónomo desenvolvimiento.
  • Exaltación de la persona en su libertad y autenticidad.
  • El reconocimiento de los derechos del individuo en el plano político, económico y social. Y en general todos los derechos del hombre enunciados en la misma.

Los que nos movíamos alrededor de estas ideas: Luis Valverde Castilla, Balbino Povedano, Rafael Sarazá Padilla, Joaquín Martínez Bjorkman, José Aumente Baena y yo, decidimos organizar un ciclo de conferencias los días 14, 15 y 16 de mayo de 1963, en el salón de actos de la Caja Provincial de Ahorros, sito en la calle Sevilla, a las ocho y treinta de la tarde, con el objeto de atraer adhesiones a nuestro proyecto de constituir una asociación dedicada al estudio y difusión de la encíclica “Pacem in Terris”.

El ciclo de conferencias estaba distribuido de la siguiente forma:

  • Día 14 Rafael Sarazá habló sobre “La convivencia jurídica camino de la Paz”.
  • Día 15 José Aumente trató “Las relaciones de convivencia social en la Encíclica”.
  • Día 16 El padre Molina Torres, se refirió a “Los católicos Promotores de la Paz”.

A este ciclo asistieron numerosas personas interesadas en constituir un foro permanente de debate sobre la encíclica, entre los que se encontraban Antonio Zurita de Julián, Fernando Atienza, Antonio García Antón, Salvador Llinares, Auxilita Montero, Antonio Granadino, Laureano Mohedano, Manuel Palencia, Diego Delgado, José Balmón, Encarna Cerezo que junto con los promotores y hasta unos treinta aproximadamente, constituyeron el núcleo fundacional del Círculo Cultural Juan XXIII.

Recuerdo que una tarde fui convocado en el despacho de Rafael Sarazá, allí estaban Luis Valverde, José Aumente, Balbino Povedano, Joaquín Martínez Bjorkman y el propio Rafael Sarazá. Se habló de la necesidad de hacer unos estatutos para el Círculo y nombrar al menos una directiva provisional que se encargara de todos los trámites de la legalización. A Luis Valverde se le nombró presidente y sobre mí recayó la Secretaría. También debatimos sobre si el Círculo quedaba como un espacio de encuentro y debate entre cristianos o bien se abría a todas las personas interesadas en los aspectos sociales y políticos que planteaba la encíclica. Se decidió por esta segunda opción porque creíamos que alrededor del Círculo, había que aglutinar al mayor número de personas dispuestas a identificarse con los valores que enunciaba “Pacem in Terris” y fomentar el espíritu de libertad y convivencia entre personas de distinta ideología y pensamiento, para formar juntos un frente de lucha y compromiso. El Círculo Cultural Juan XXIII, tenía que ser algo equivalente al ágora para los filósofos griegos, la `plaza pública donde debatir las ideas y todos aquellos problemas que nos inquietaban, al mismo tiempo de facilitar la salida a los que daban tumbos en la oscuridad de la caverna.

Constituido el “Juan”, la primera conferencia sobre la encíclica la pronunció Balbino Povedano en el salón de actos del consejo diocesano de Acción Católica, en Juan de Mena, 3. Recuerdo que aquella tarde al acceder al salón, estaba en la puerta el policía Ricardo Anaya, que había acudido como delegado gubernativo. Más tarde invitamos a Manuel Fernández Ruiz, de la Universidad de Sevilla, ex ministro de la CEDA en la República. Estuvo valiente. Comenzó diciendo que iba a hablar claro, que no se iba a imponer ninguna censura, porque él ya no tenía nada que perder, excepto la vida y de eso le quedaba poco. Fue brillante y expuso la necesidad de modificaciones sociales y políticas al régimen político vigente.

En febrero de 1964 tuvimos una conferencia del padre Luis Briones, en el salón de actos de la Caja Provincial de Ahorros, a las ocho de la tarde del día 13, sobre el tema “Ángel José Roncalli, trayectoria de una vida hasta el papado”.

El 5 de abril de ese año, en el salón de actos del Consejo Diocesano de Acción Católica, en Juan de Mena, 3, el catedrático de Derecho de la Universidad de Granada, Juan Antonio Carrillo Salcedo, dictó una conferencia sobre el tema “Reflexiones universitarias a un año de la encíclica “Pacem in Terris”.

También Alfonso de Cossío, catedrático de Derecho Civil en la Universidad de Sevilla, fue invitado a dar una conferencia en el Círculo Cultural, así como Joaquín Ruiz-Giménez, a quien le fue ofrecida, después de su intervención, una cena en el Círculo de la Amistad, mostrándose crítico en relación con la moral tradicional de la Iglesia. Se manifestó abierto y progresista y, sin duda, había soltado mucho lastre desde sus tiempos de ministro y embajador de Franco. Oyéndole pensé, hasta qué punto había mantenido una ingenuidad notable respecto a la naturaleza del régimen nacionalsindicalista.

Los socios nos reuníamos en la Ermita de la Alegría. Antes lo habíamos hecho en un convento de la plaza del Cardenal Toledo, no en el Cister, sino en uno que había lindando con la emisora de Radio Popular. La superiora era una religiosa que había vivido la revolución de Fidel Castro en Cuba y cuando conoció los temas que tratábamos y como nos pronunciábamos, se asustó y nos dijo que le recordábamos su anterior experiencia, por lo que nos rogó que no volviéramos. También nos reuníamos en los locales de la Caja Provincial de Ahorros, en la primera planta de la calle Sevilla, lugares donde teníamos las sesiones generales de estudio y analizábamos la situación social y política a la luz de la encíclica “Pacem in Terris”.

Mientras tanto crecían los socios, el “Juan” nos vertebraba, nos engarzaba a hombres provenientes de los sectores cristianos, socialistas y comunistas, que correspondía a nuestra idea de construir un espacio de encuentro de la oposición franquista y contribuir así a la conformación de un espíritu de libertad y de convivencia entre personas de pensamiento diverso.

En octubre de 1964, bajo el título general de “Pensamiento de Juan XXIII ante el mundo de hoy”, se organizó un ciclo de conferencias que tuvieron lugar los días 19, 21 y 23 en el salón de actos del Consejo Diocesano de Acción Católica, con las intervenciones de Alfonso Carlos Comín, Julio R. Arramberri y padre Marzal, estos dos últimos de la Redacción de “Cuadernos para el Diálogo” y Lorenzo Gomis, director de la revista “El Ciervo”, revistas que entonces se manifestaban muy progresistas y que tenían un claro matiz cristiano.

En noviembre de 1964, se celebra un coloquio sobre el tema “La verdad en el pensamiento de Juan XXIII, sobre los conceptos de Moral, Derecho e Información”, en Juan de Mena,3, en el que intervienen Antonio Molina Torres, Rafael Mir Jordano y Bartolomé Vargas Escobar, actuando de director del coloquio Joaquín Martínez Bjorkman.

El “Juan”, como era conocido popularmente, comenzó a tener prestigio en la sociedad cordobesa que se manifestaba progresista, sus socios no dejaban de crecer, lo que obligaba a traer a conocidos intelectuales para que mantuvieran el nivel que había alcanzado. Por su foro pasaron, dejando una marcada huella Peces Barba, Arias Salgado, Javier Ruipérez, Pablo Castellano, José María Gil-Robles, Cristina Almeida, José Luis López Aranguren, Alejandro Rojas-Marcos, Carlos Castilla del Pino, Fernando Claudín, Vicent Verdú, Raúl Morodo, el padre José María Llanos, Marcelino Camacho, hombres provenientes de diversos sectores que respondían a nuestra idea de constituir un lugar de encuentro de la oposición al régimen y contribuir así a la configuración de un espíritu de libertad y de convivencia entre pensamientos políticos distintos.

Siendo presidente Balbino Povedano, se alquiló la casa número 10 de la calle Romero Barros, un espacio amplio que pudiera acoger a los numerosísimos socios que entonces tenía y fuera posible desarrollar todas sus tareas culturales. Era una casa típica cordobesa, con un patio central, donde se podían tener actividades en la estación de primavera, como mesas redondas. Recuerdo una dedicada a la Generación del 27, donde intervine para exponer el injusto olvido de los poetas Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, incluso nuestro paisano, el pontanés Juan Rejano.

El Círculo Cultural Juan XXIII, ya había sido penetrado por los partidos políticos y sindicatos. Comisiones Obreras utilizó la sede del “Juan” para celebrar muchas de sus reuniones clandestinas, reuniones que celebraba con la máxima cautela, por la vigilancia a que estaba sometida por parte de la policía franquista, conocida como la “Brigada político-social”, no sólo la sede, sino el movimiento sindical.

También se celebró una exposición de pinturas del Grupo Crónica. El arquitecto Damián Quero, expuso sus ideas urbanísticas. El cantautor Carlos Cano, ofreció un recital y el grupo de teatro de Sevilla “Esperpento” hizo una representación. También aquí se presentó mi poemario Día a día, donde interiorizaba el proceso social que había vivido:

La puerta de la casa palpita en mi pecho
en esta hora de la madrugada,
mientras a mis hijos
los envuelve un sueño de nácar.

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Insomnio y un desesperado temor:
porque un violento golpe de aldabón
pueda poner sangre en la esperanza.

Fue una experiencia muy rica. En este espacio coincidieron hombres de diversas sensibilidades culturales, políticas, religiosas. Existía un alto grado de tolerancia, una aceptación sin reparos, un respeto mutuo, una adhesión solidaria. De aquí salieron los hombres que constituirían la Junta Democrática Provincial de Córdoba, hasta su unión con la Plataforma Democrática, palanca del cambio, que supieron renunciar a mezquinos intereses para defender la única causa realmente importante del momento, el construir, sin prejuicios que dificultaran la convivencia, un país democrático.

En 1977 se legalizaron los partidos y los sindicatos, por lo que a partir de entonces comienza el declive del “Juan”, como tribuna de una oposición política, ya no servía como elemento aglutinante de resistencia a la dictadura, porque cada mochuelo se fue a su olivo. Sólo quedaron jóvenes que constituían grupos y movimientos considerados marginales que en una dimensión distinta, continuaban manteniendo una oposición a un sistema que negaba la dignidad de los homosexuales y lesbianas; la lucha de los ecologistas o antimilitaristas, etcétera. En el mes de marzo de 1977 su presidente , el letrado cordobés Rafael Sarazá Padilla, declaraba a la prensa que el Círculo Cultural Juan XXIII, inicia una nueva etapa, reasumiendo su primitiva función de Centro Cultural.

Hoy día, el “Juan”, tiene su sede, aunque de forma precaria porque el Ayuntamiento no acaba de regularizar su situación, en la calle Palma, 4, donde coexisten un grupo dedicado al flamenco, otro de senderismo y un tercero cultural, que proyectan potenciar.