Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

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Asamblea de Parados

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De carácter asambleario, surgió en el mes de enero de 1976 y fue, durante 5 años, el movimiento de agitación social más importante de la historia de Córdoba desde 1936. Nació de los encuentros y discusiones mañaneras que se entablaban en la Avenida del Gran Capitán, en la puerta del llamado Sindicato Vertical, el aparato oficial del Régimen franquista controlado en la década de los 70 por dirigentes de Comisiones Obreras en la clandestinidad, quienes fueron los primeros sorprendidos cuando vieron los resultados de aquellas ingenuas peroratas que lanzaban los enfadados trabajadores en paro cuya más urgente preocupación era, más que la situación política-económico-festiva del país, (Franco había muerto en la cama), llevar a casa siquiera los veinte duros que costaba la bombona de butano y, mientras se solucionaba la cuestión doméstica, obtener al menos un cigarrillo y un café solidario a poder ser con leche y algo de mojar que casi siempre pagaban los recién incorporados, como en la mili.

El periodista Sebastián Cuevas Navarro recoge el testimonio de Antonio Perea que, en nombre de los parados cordobeses, demanda trabajo en un Pleno de la Corporación municipal franquista, en septiembre de 1979
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Allí confluían, esporádica o diariamente, miembros de todas las familias políticas que existían en Córdoba en aquellos días, desde cristianos de base (Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Acción Católica, Cristianos por el Socialismo; las cinco sonrisas de la Iglesia: Juventud Obrera Cristiana (JOC), Juventud de Acción Católica (JAC), Juventud Estudiante Católica (JEC), Juventudes de Izquierda Comunista (JIC), Juventud Universitaria Cristiana (JUC); militantes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), Liberación, Grupos Anticapitalistas de Base (GAB), Juventudes Libertarias,... pasando por toda la amplia gama de partidos y organizaciones marxistas e incluso leninistas: Partido Comunista de España (PCE), Partido Comunista de España (reconstituido) (PCE(r)), Partido Comunista de España (marxista-leninista) (PCE (ml)), Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), Partido del Trabajo de España (PTE), Organización de Izquierda Comunista (OICE), Movimiento Comunista de España (MCE), Liga Comunista Revolucionaria (LCR) y apéndices sindicales como Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores (CSUT), Sindicato Unitario (SU), Plataformas Anticapitalistas, Comisiones Obreras (CC.OO.), Unión General de Trabajadores (UGT), Sindicato de Obreros del Campo (SOC) y otros perdidos en la memoria que acudían a la captación de militantes entre la multiforme masa de obreros en paro que se congregaban cotidianamente y bastante disgustados por regla general. También solían alternar en aquel tumulto ingente militantes del Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre-Grapo, del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP), de la policía política franquista, chivatos o confidentes o como mejor le venga al corrector político de turno, de la Guardia Civil, periodistas de incógnito y hasta algún vendedor de productos nocivos que casi siempre terminaba dando los canutos fiados absolutamente obnubilado ante la batahola político-social que poblaba las sindicales escalinatas.

Había también obreros con ánimo deprimido, como en la canción "La estupidez en remojo" de Miguel Pino, que eran los más coherentes y los que imponían seriedad y rigor a la hora de votar en asamblea las cuestiones que se planteaban. Entre los mitineros independientes que enardecían al personal y ponían el vello de punta a los que sólo iban allí a pedir un puesto de trabajo estaban un oficial de albañil llamado Sebastián López, odiado a muerte por todos los políticos con aspiraciones que allí acudían y no a buscar trabajo precisamente (que se conocían todos). Otros, de mucho más lustre aunque menos convincentes, quizá por su tono paternalista o profesoral, eran escuchados con el mismo respeto pero sin descargas emocionales. Por último, los del plumero político-sindical-situacionista inherente a la polémica y bastante a la vista de toda la concurrencia, que terminaron a los pocos años gerenciando felizmente empresas municipales, ocupando sillones capitulares, delegaciones autonómicas o direcciones provinciales de la Administración Central una vez consolidado el ansiado sistema democrático, etcétera, etcétera.

Cuando las organizaciones políticas y sindicales presentaron a la Asamblea un plan serio de actuaciones, los parados se entregaron a colaborar y, disciplinadamente, con mucho coraje y poniendo en riesgo su libertad y su integridad física, lo llevaron a cabo. Recorrieron todos los centros de trabajo de la ciudad celebrando reuniones y repartiendo panfletos con su plataforma reivindicativa (no a los destajos y no a las horas extraordinarias entre las reclamaciones más normalitas) y creando las condiciones y el ambiente necesario para la huelga general que se pretendía, en contra naturalmente de las posiciones de los sectores dirigentes del tinglado sindicalista oficial aunque clandestino (?).

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Obviamente, lo de la huelga general era una feliz utopía, pero el 24 de enero -El sábado gris- los parados, sin pretenderlo, provocaron una huelga general, aunque solo fue en el sector de la Construcción y más solidaria que reivindicativa, que duró quince días. Años más tarde los sindicatos oficiales adjudicarían a sus patronos político-oportunistas el mérito de la huelga. Pero no hubo mérito ni laurel para nadie en concreto y fue una gloria general para la dignidad de los trabajadores del sector de la Construcción de Córdoba y parte de su provincia, que se plantaron como un solo hombre ante la injusticia del apaleamiento público de sus compañeros, sus mujeres e hijos por parte de las Fuerzas Antidisturbios bajo el mando de un gobernador civil retrasado mental de los muchos que ha padecido Córdoba.

(Curiosamente, dicho apaleamiento ocurrió en los jardines paralelos a la Avenida de la Victoria, a la altura de la Puerta Gallegos y el tráfico se ralentizó porque los automovilistas, sin alterarse, se distraían contemplando a la Policía Armada golpear concienzudamente a unos pacíficos ciudadanos y eso era la representación viva de la Córdoba de izquierdas, burguesa y tolerante, cobarde, jamona y conformista con el poder, con cualquier poder).

Un conflicto al que se oponían los dirigentes del sindicato oficial y clandestino. Sin embargo, organizaciones más a la izquierda como los Grupos Anticapitalistas de Base cuyos militantes y dirigentes eran muy respetados entre los albañiles, las Plataformas Anticapitalistas de la OIC, los entusiastas miembros de la JOC y otros minoritarios pero muy activos como CNT y Liberación, apoyaban la huelga que, no se olvide, surgió de forma espontánea el lunes 26 de enero en los tajos de las obras más importantes, pero los piquetes informativos de la Asamblea de Parados se encargaron de informar adecuadamente a todo el mundo en contra de la natural oposición de la policía que en aquellos días duplicó su actividad represora, siempre en defensa de la ley y el orden.

El detonante para que la Asamblea de Delegados de Obra decidiera la continuación de la huelga fue la memorable intervención mitinera de Sebastián López, el oficial albañil vallisoletano afincado en Córdoba, independiente y sin ambiciones políticas al que odiaban los "dependientes", que en aquellos momentos se erigió en el más digno representante de los trabajadores de la ciudad. Al término del acto asambleario Sebastián López, junto con su compañero Cahue, otro mitinero irredento y agitador a sueldo, siempre según la jerarquía de la clase obrera cordobesa, fueron detenidos por la policía y llevados a Comisaría donde ocurrió lo de siempre, aunque al no ser militantes de ningún partido a nadie le importó nada.

Finalizada la huelga de la Construcción la Asamblea de Parados continuó su actividad, libre de la presencia de tanto líder obrero por metro cuadrado pero muy acompañada por las fuerzas del orden. Cambió su "sede" de Gran Capitán por la plaza de Colón donde el ministerio de Trabajo abrió la Oficina de Colocación cuyo director, Emilio Flores Callava, puso a disposición de la Comisión de Parados una máquina de escribir y una mesa donde eran escuchadas y anotadas las reclamaciones de los parados y se confeccionaban relaciones de los que no percibían prestación económica ni de ningún otro tipo. Se consiguieron ciento ochenta días de subsidio sin ningún requisito para cientos de inscritos en aquellas relaciones. Se puso en marcha el Empleo Comunitario para trabajadores de la ciudad que se dedicaron en adecentar la carretera Puesta en Riego y las barriadas de Palmeras y Moreras, entre otras actuaciones que fueron parches sociales, pero solucionaron el hambre de unos cientos de familias por unos meses.

Véase también

El material recogido en este artículo procede de una entrada de Cordobapedia, bajo licencia GFDL, previamente cedido por el Ateneo de Córdoba para su edición en Cordobapedia.