Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Jueves, 20 de febrero, 20:00 horas. Conferencia y Docurama:
“Campos de Concentración Nazis”, a cargo de Antonio Barragán Moriana
e “Hijos de Mauthausem. Tres generaciones del exilio cordobés”,
a cargo de José Barrios Gómiz y Christine Andreu. Sede del Ateneo.

Abierta la convocatoria para presentar candidaturas a las Fiambreras de Plata 2020. El plazo finaliza el 28 de febrero.

VII Premio Agustín Gómez de Flamenco Ateneo de Córdoba.

Fallo del XXXV Premio de Poesía Juan Bernier.

Fallo del VII Premio de Relato Rafael Mir.

Fallo de las Fiambreras de Plata 2019, relación de homenajeados aquí.


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Antonia Santiago "La Chana"

De Ateneo de Córdoba
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Antonia Santiago Amador (Barcelona, 24 de diciembre de 1946), más conocida como La Chana, es una bailaora gitana española. Se considera autodidacta. El bailaor Antonio Canales la calificó públicamente como "su Maestra". Se la considera una virtuosa del ritmo, de los pitos y de los pies. Tuvo dos etapas de esplendor profesional: una entre 1966 hasta 1979 y otra entre 1985 hasta 1991, ambas etapas interrumpidas por un período de cinco años de silencio artístico.

Biografía

Hija de María Amador y Joaquín Santiago "Julio". Fue la tercera de seis hermanos. Nació en el Hospital Clínico de Barcelona y se crió en la calle Juventud en Hospitalet de Llobregat en un barrio muy humilde. En su familia y en su barriada se cultivaba la música y el baile flamenco (rumbas y tangos) en fiestas y celebraciones. Nunca fue a la escuela. Desde los once años trabajó en varias fábricas: de algodón, de hilos de jabón y separando cristales. A los 13 años ayudaba a su abuela los sábados a vender flores en el mercado de Igualada. A muy temprana edad (8 o 9 años) empezó a practicar sola, instintivamente, aprendiendo los complicados compases flamencos en las fiestas y en los programas de radio. Entrenaba sola, a escondidas, detrás de un muro al lado del cementerio y robando los zapatos de sus vecinas y parientes. Su tío Chano, guitarrista profesional, sería quien viendo las dotes privilegiadas de la niña la lanzaría al baile profesional, a los catorce años, a pesar de las reticencias familiares, ("Una artista no puede ser una mujer honrada"). De él tomó su nombre artístico. "La Chana" de "chanelar" que significa "entender".

Los años 60

En 1961 empezó a bailar en salas de fiestas de la Costa Brava. Su forma de bailar era, desde el comienzo, improvisada (ella no sabía que los bailes se montaban). Sus únicas armas eran su velocidad de pies y su capacidad de reacción. Ella no ensayaba nunca, sólo entrenaba velocidad y fuerza para que en el momento de salir al escenario su cuerpo obedeciera a su mente. En 1966, habiendo sido madre a los 18 años, entró a trabajar en el tablao barcelonés Los Tarantos. Allí la contrató el actor británico Peter Sellers para bailar en su película The Bobo de Robert Parrisch, en 1967. Las propuestas para hacer carrera artística en Hollywood fueron frenadas por cuestiones familiares. En 1968, Manolo Caracol, al frente de su tablao Los Canasteros en Madrid, en primera instancia no quiso concederle una audición por ser rubia y de Barcelona, dijo, textualmente: «¡No hombre, no, de Barcelona y rubia, no!»; después de verla bailar la contrató inmediatamente y pronunció un «¡Viva Cataluña!». Es la época dorada del flamenco en Madrid. En esos años actúa internacionalmente por Europa y Australia y obtuvo el 1er Premio del Certamen Internacional de Danza de Perth.

Los años 70

Estrenó con éxito el espectáculo "Flamenco 73" en el Teatro Arniches de Madrid en octubre de 1973. El programa de TVE Esta Noche Fiesta de José María Íñigo le dio el reconocimiento más popular en su país, en 1977. Realizó también otros programas para TVE. Actuó en el reconocido Music-Hall Xairo de Madrid, por el que desfilaron otros artistas de la talla de Lola Flores, El Pescaílla, Paco Cepero, o Francisco Mendoza, Faíco. También actuó en los escenarios del Florida Park de Madrid. En 1978, en el momento más álgido de su carrera profesional, decide asegurar sus pies con la compañía Aseguradora Nacional Francesa. De esta época son los encendidos elogios del periodista José-Miguel Ullán, que escribió en El País:

La Chana tiene algo de piedra sagrada. Cuando baila le tiemblan las mejillas y le tiemblan los labios. Reaparece en Madrid, en Xenón-Disco, tras tres años de ausencia. Por tres únicas noches. Es una bailaora extraña: siempre al borde de echarlo a perder todo para, al final, ganarlo con más luz. Despega ahora sus brazos del vestido grisáceo, retrocede taconeando, levanta levemente el vestido, contagia su temblor a los flecos rebeldes de un pañuelo rosado y ajusticia el furor de los remates con delicada limpidez. Ya ha creado el hechizo. Con asombrosa economía de medios y sin cantar victoria. ¡Sobria ebriedad del genio! Dispuesta, pese a todo, a perderse o perdernos en un fragmento de acechante error. Pero no hay tal error. Hay un tacto de piedra sagrada.Se desliza La Chana por el escenario al ritmo de un galope íntimo. Y frecuenta los ángulos, los límites, los precipicios. De opacidad y peso extrae transparencia y señas frágiles. Pasa de ser la sombra de la muerte -blanco traje de cola, pañuelo negro-, toda solemne y trágica, a ser bautismo y vendaval sonoros. Mientras tanto se ha dado en muecas mil justísimas-, le dio la espalda al público con gracia, brazos en cruz, caricias a pardales y escorpiones, y ese asomarse funeral a un pozo imaginario o más real que el mismo fuego. Tiene los ojos tristes y llorosos. Y mira de perfil. O con la boca. Una boca que empieza ya a borrarse, para ser arco iris, cuando La Chana se convierte ahora, entre bravos y aplausos, en rejigata álfica soplada por un viento sigiloso de pureza y pasión.

Siguen sus giras internacionales por Europa, Estados Unidos y Australia. Sus éxitos más importantes fueron en Santiago de Chile. De regreso a España le esperaban interesantes contratos, -el más importante con Paco de Lucía y Camarón para el Madison Square Garden- que no se llevó a cabo nunca por cuestiones familiares.

Los años 80

Dejó de bailar completamente durante cinco años por motivos familiares. En 1985 regresó a los escenarios. Tenía 39 años. Empresarios y artistas la forzaron y animaron a volver a empezar. Con la ayuda del bailaor Juan Ramírez recuperó su fuerza totalmente y volvió a bailar junto a él en Los Canasteros. De nuevo realizó giras internacionales y trabajó durante cuatro años para la Cumbre Flamenca dirigida por Paco Sánchez, al lado de Antonio Canales, Cristóbal Reyes, Juana Amaya, El Veneno y Los Losada. Realizó giras por todo el mundo.

Los años 90

Se casó con Félix Comas de Premiá de Mar, Barcelona. Actúa en el Joyce Theater de Nueva York en septiembre de 1990. Sigue recibiendo buenas críticas de la prensa. Decía de ella Jack Anderson para el New York Times (en inglés el original):

Sin lugar a dudas, el más extraordinario de los solo fue "La Pasión Que Crea" interpretado por La Chana, que creo la ilusión de parecer más una hechicera que una bailaora. Rajando el aire con sus brazos, podría haber sido una mujer poseída por espíritus. Sus pies moviéndose rápidos parecían temblar y temblequear. Pero nunca había pérdida de control en este arrebato (...)

A partir de los 45 años empieza a retirarse de los escenarios pero sigue actuando esporádicamente como en la 17 edición del Festival de Flamenco de Ciutat Vella.

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